Por Rodolfo Custodio Arango
Es deprimente ver como el grueso del magisterio publico de Guatemala hace un espectáculo como el que se ha venido dando en las últimas semanas. Desde manifestaciones y bloqueos de carreteras hasta campamentos en la plaza central. Ideas ordinarias de Joviel Acevedo para provocar al ejecutivo y que accedan a sus exigencias sobre el seguro escolar; un proyecto que se tranzó durante el gobierno de Alejandro Giammattei y que solo con decir ese nombre, se relaciona con corrupción.
Lo mas triste es que al hablar con algunos maestros del sector público, estos defienden las posturas de su dirigente sindical, incluso creen que si no apoyan, el incremento salarial que recibieron se los quitarán en un par de meses. El artículo 15 del Código de Trabajo de Guatemala establece el principio de irrenunciabilidad de derechos, así que tranquilos, nadie les quitara nada, pero es evidente que el “coco wash” que les han dado es alarmante.
Al sujeto en mención lo acompaña un grupúsculo de “guaruras” que tienen pinta mas de hampones que de maestros, hecho claramente visto cuando la policía nacional civil en ley llegó a desalojarlos del parque; cual delincuentes se enfrentaron a ellos con palos y piedras y un lenguaje florido de ranas y culebras, por decirlo de buena manera.
Es verdaderamente grave que ese grupo que dirige al magisterio siga después de tantos años tranzando desde la campaña política con el candidato ganador blindándose para ser inamovibles a costa de una educación pública deficiente que tiene al país en los últimos lugares en rendimiento académico.
Se suma al daño social y educativo, el daño al patrimonio nacional a causa de sus campamentos. Una querella fue presentada por diputados oficialistas por los delitos de usurpación agravada, contaminación y depredación de bienes culturales, con la cual podría enfrentar cargos penales por daños al Palacio Nacional de la Cultura. Aunque evidentemente esto es un show político por parte de los diputados y el Mp no le dará seguimiento por el pleito entre organismos. Mientras tanto Joviel vocifera e insulta a diputados, periodistas y todo aquel que lo quiera interpelar, ¡ahh cabrón!
La culpa no la tienen los maestros, pues cada uno busca superarse y en su gran mayoría tienen vocación por la docencia y dan lo mejor de ellos; El problema es su dirigente sindical y sus secuaces, que siguen y seguirán atrasando a Guatemala en la educación, hasta que haya un gobierno con los pantalones bien puestos, que termine finalmente con ese cáncer. Ojalá sea pronto.

