La tragedia por la que pasan los guatemaltecos no tiene precedentes. Luego de la pandemia que dejó sin trabajo a un gran porcentaje de la población, los guatemaltecos buscamos nuevas formas de subsistir con negocios –en su mayoría- informales, que permiten agenciarse de algunas entradas extras ante la escalada de precios, fruto de la misma pandemia y del conflicto Rusia-Ucrania.
Pero al calvario de buscar a diario una oportunidad de trabajo o vender algún producto, se aúna el pésimo estado de las carreteras; -No hay una buena-, todas se encuentran en pésimas condiciones y el guatemalteco se expone a destrozar su carro en un viaje, accidentarse por esquivar baches o hasta caer en un hoyo que se abre de la nada como en el caso de Villa nueva, con muy trágicas consecuencias.
El presupuesto general de la nación tiene entre sus rubros más altos, Comunicación y Salud, pero indudablemente esto no se ve reflejado en lo que representan y las oportunidades de crecimiento comercial y turístico son cada vez más difíciles mientras el gobierno se gasta millones en una marca de país copiada de alguna página de recursos gratuitos de diseño gráfico tratando de tapar el sol con un dedo mientras el pueblo llora sangre por no poder ni siquiera movilizarse para comercializar sus mercancías.
El potencial turístico de Guatemala es incomparable y sería la forma perfecta de hacerlo plenamente sostenible si las políticas públicas en verdad se enfocaran en potencializar ese rubro y no con un inguat corrupto, inoperante y constante piedra de tropiezo para operadores turísticos y hoteles. La corrupción enquistada en todas las dependencias del estado no permite ver un poco más allá y los funcionarios en su ambición enfermiza están dejando a Guatemala en trapo de cucarachas, evitando cualquier tipo de desarrollo, peor aún en el interior del país.
Se aproximan las elecciones y cual ajedrez, los partidos políticos están como locos buscando “líderes” para sus partidos y poder quedarse con la guayaba o las guayabitas departamentales y se escucharán infinidad de fábulas que muchos ingenuos nuevamente creerán a cambio de votos. ¿Será un sueño pensar que nuevas autoridades le pondrán interés a este tema, o seguiremos en el subdesarrollo?

